Necesitaba estas vacaciones como agua de mayo. Cada día se me vuelve más cuesta arriba levantarme a esas altas horas de la madrugada para ir a trabajar.
Reconozco que en mi situación es un privilegio al alcance de no muchos afortunados.
Recuerdo todavía como, cuando empecé, me aseguraron desde el Instituto Municipal de Discapacitados que era la persona asalariada con una discapacidad mayor.
Desde el año 1991 ha llovido mucho y, espero, que el número de discapacitados que opten a un puesto de trabajo sea muy superior al de entonces.
No puedo hablar en boca de otro país que no sea el mío, España, ni tampoco de otros municipios en los que no he vivido. No obstante, poco a poco se impone una sociedad cada día más comprometida y concienciada con la integración y la eliminación de barreras arquitectónicas.
Sin embargo, no negaré que a menudo me he sentido protagonista de muchas campañas y eslóganes, más políticos y ficticios que reales , cuando me topaba de frente con la burocracia.
¡Qué bien queda proclamar desde un púlpito mil promesas al electorado! Promesas, que no siempre realidades.
A veces me causa estupor ojear algún informativo municipal, aun a sabiendas de conocer su función propagandística. ¿Por qué alardear de unas ayudas o unas mejoras que son tan sólo una ilusión?
Sí, esas ayudas por las que corres a informarte como si fuera una salvación a tus problemas y, por el contrario, quiebran tus esperanzas al atestiguar que no ha habido ningún cambio, porque siguen siendo tan escasas y tan míseras como siempre. Peor todavía, con ello matan también tu confianza.
Me comentó una asistente social que nuestro país era uno de los mejores a la hora de redactar las leyes. No lo pongo en duda. Para los que no somos doctos en estos menesteres, podemos interpretarlas como una panacea. Pero, cuando aprendes a leer entre líneas, encuentras alguna coma, algún espacio en blanco... en definitiva, algún subterfugio por donde escurrir el bulto.
No sé, quizás estaría bien poder pedir responsabilidades a los partidos y a sus políticos. Apuesto que entonces medirían más sus palabras y sus promesas.
Perdonad. Os prometo que cuando empecé con este texto sólo quería hablar de mis vacaciones.
En fin, mañana será otro día.
Reconozco que en mi situación es un privilegio al alcance de no muchos afortunados.
Recuerdo todavía como, cuando empecé, me aseguraron desde el Instituto Municipal de Discapacitados que era la persona asalariada con una discapacidad mayor.
Desde el año 1991 ha llovido mucho y, espero, que el número de discapacitados que opten a un puesto de trabajo sea muy superior al de entonces.
No puedo hablar en boca de otro país que no sea el mío, España, ni tampoco de otros municipios en los que no he vivido. No obstante, poco a poco se impone una sociedad cada día más comprometida y concienciada con la integración y la eliminación de barreras arquitectónicas.
Sin embargo, no negaré que a menudo me he sentido protagonista de muchas campañas y eslóganes, más políticos y ficticios que reales , cuando me topaba de frente con la burocracia.
¡Qué bien queda proclamar desde un púlpito mil promesas al electorado! Promesas, que no siempre realidades.
A veces me causa estupor ojear algún informativo municipal, aun a sabiendas de conocer su función propagandística. ¿Por qué alardear de unas ayudas o unas mejoras que son tan sólo una ilusión?
Sí, esas ayudas por las que corres a informarte como si fuera una salvación a tus problemas y, por el contrario, quiebran tus esperanzas al atestiguar que no ha habido ningún cambio, porque siguen siendo tan escasas y tan míseras como siempre. Peor todavía, con ello matan también tu confianza.
Me comentó una asistente social que nuestro país era uno de los mejores a la hora de redactar las leyes. No lo pongo en duda. Para los que no somos doctos en estos menesteres, podemos interpretarlas como una panacea. Pero, cuando aprendes a leer entre líneas, encuentras alguna coma, algún espacio en blanco... en definitiva, algún subterfugio por donde escurrir el bulto.
No sé, quizás estaría bien poder pedir responsabilidades a los partidos y a sus políticos. Apuesto que entonces medirían más sus palabras y sus promesas.
Perdonad. Os prometo que cuando empecé con este texto sólo quería hablar de mis vacaciones.
En fin, mañana será otro día.







0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada