Las palabras no tienen edad. Pueden ser sabias o pueden ser necias, oportunas o a destiempo, acertadas o incorrectas, pero ninguna será buena o mala, ninguna entiende de tiempo, porque más allá de los años existe una historia a la que ellas sólo dan forma.
Y cada vivencia conserva su encanto, ninguna es en vano, pues, incluso de los momentos duros, podemos entresacar una lección inesperada.
“¿A quién puede interesarle esta historia?”, me preguntó mi padre cuando empecé escribir El legado del 35.
A mí, quería plasmar en unas líneas mi homenaje a mi madre y, con ella, a mis orígenes.
Lo tengo claro, todas las vivencias son en sí mismas especiales y únicas, sólo hace falta saber estrujarlas para sacar de ellas el jugo de la vida.
"No dejes de soñar, ni de embarcarte en nuevos proyectos. Yo soy viejo, muy viejo, tengo mucho que contar, me gusta escribir, pero, la verdad, hasta las comas me dan miedo.", me escribiste Disancor.
Hoy vuelvo a repetir lo que te dije: Gracias por tus palabras. Y de nuevo insistiré: "¿No te animas a contar tu historia? Seguro que tienes algo importante que explicar o alguna queja que compartir con los demás".
Si te gusta escribir, no lo dudes, deja rienda suelta a tu inspiración. No importa el cómo ni el qué, sólo deja que sea tu espíritu el que dirija tus palabras y no te prives del placer de ser tú quien gobierne tus sentidos.
Libérate de tu silla... o alíate a ella, pero no permitas que ninguna limitación te impida sentirte libre aunque sólo sea por la gracia de las letras.
Se puede ser viejo, muy viejo... pero nunca tener miedo a una coma cuando se ha sido capaz de enfrentarse a un punto y aparte.
Recuerda que: "los hombres y los niños llevamos dentro del pecho un vacío. Los niños por no ser hombres, y los hombres por no ser niños".
Como diría Gandhi: Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.
Y cada vivencia conserva su encanto, ninguna es en vano, pues, incluso de los momentos duros, podemos entresacar una lección inesperada.
“¿A quién puede interesarle esta historia?”, me preguntó mi padre cuando empecé escribir El legado del 35.
A mí, quería plasmar en unas líneas mi homenaje a mi madre y, con ella, a mis orígenes.
Lo tengo claro, todas las vivencias son en sí mismas especiales y únicas, sólo hace falta saber estrujarlas para sacar de ellas el jugo de la vida.
"No dejes de soñar, ni de embarcarte en nuevos proyectos. Yo soy viejo, muy viejo, tengo mucho que contar, me gusta escribir, pero, la verdad, hasta las comas me dan miedo.", me escribiste Disancor.
Hoy vuelvo a repetir lo que te dije: Gracias por tus palabras. Y de nuevo insistiré: "¿No te animas a contar tu historia? Seguro que tienes algo importante que explicar o alguna queja que compartir con los demás".
Si te gusta escribir, no lo dudes, deja rienda suelta a tu inspiración. No importa el cómo ni el qué, sólo deja que sea tu espíritu el que dirija tus palabras y no te prives del placer de ser tú quien gobierne tus sentidos.
Libérate de tu silla... o alíate a ella, pero no permitas que ninguna limitación te impida sentirte libre aunque sólo sea por la gracia de las letras.
Se puede ser viejo, muy viejo... pero nunca tener miedo a una coma cuando se ha sido capaz de enfrentarse a un punto y aparte.
Recuerda que: "los hombres y los niños llevamos dentro del pecho un vacío. Los niños por no ser hombres, y los hombres por no ser niños".
Como diría Gandhi: Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.







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