Hoy me he puesto a pensar y me he dado cuenta que durante todos estos meses he dado gracias a mucha gente y, por desgracia, me he despedido de algunos otros. Y sin embargo, he nombrado de soslayo, pero apenas he hecho mención a mis padres.
Seguramente no les doy las gracias tanto como debiera, aunque, en honor a la verdad, no me canso de repetirles que los quiero... Eso no significa que a los 5 minutos no los mande, lo diré finamente, "de paseo". Una convivencia de 24 horas, contraste de caracteres, diferencias de edad y opiniones... un sinfín de razones que prenden una chispa de la nada pero que aún no ha quebrado nuestros sentimientos.
En algún momento ya he comentado en este blog que, incluso de lo malo, podemos extraer una lectura positiva. En mi caso, si algo bueno he conseguido y he aprendido con mi accidente, ha sido a valorar a mi madre como realmente se merece.
Será por ello que no necesito acudir a ningún programa de televisión ni esperar al primer domingo de mayo para decirle cuánto la quiero, porque cualquier fecha, cualquier momento es adecuado para reconocer abiertamente nuestros sentimientos y nuestra gratitud.
Quizás suene un poco ñoño e incluso un poco desorbitado si os digo que estoy " enamorada " de ella. Si algún día me avergoncé injustamente de ella por no ser la madre elegante, estilizada y trajeada que recogía a otras niñas de la escuela, hoy me llena de orgullo tenerla de madre y siento que mi viva no tendría sentido sin ella.
Formamos un tándem de mala leche, un cóctel fácil de explosionar, pero mientras ella vida nunca estaré sola, nunca me sentiré sola.
Sé que esta dependencia emocional no es buena para ninguna de las dos, aunque, francamente, prefiero morir por amor que haber vivido sin él.
Por ser mis piernas, por ser mis manos... por ser mi madre, te quiero.
Seguramente no les doy las gracias tanto como debiera, aunque, en honor a la verdad, no me canso de repetirles que los quiero... Eso no significa que a los 5 minutos no los mande, lo diré finamente, "de paseo". Una convivencia de 24 horas, contraste de caracteres, diferencias de edad y opiniones... un sinfín de razones que prenden una chispa de la nada pero que aún no ha quebrado nuestros sentimientos.
En algún momento ya he comentado en este blog que, incluso de lo malo, podemos extraer una lectura positiva. En mi caso, si algo bueno he conseguido y he aprendido con mi accidente, ha sido a valorar a mi madre como realmente se merece.
Será por ello que no necesito acudir a ningún programa de televisión ni esperar al primer domingo de mayo para decirle cuánto la quiero, porque cualquier fecha, cualquier momento es adecuado para reconocer abiertamente nuestros sentimientos y nuestra gratitud.
Quizás suene un poco ñoño e incluso un poco desorbitado si os digo que estoy " enamorada " de ella. Si algún día me avergoncé injustamente de ella por no ser la madre elegante, estilizada y trajeada que recogía a otras niñas de la escuela, hoy me llena de orgullo tenerla de madre y siento que mi viva no tendría sentido sin ella.
Formamos un tándem de mala leche, un cóctel fácil de explosionar, pero mientras ella vida nunca estaré sola, nunca me sentiré sola.
Sé que esta dependencia emocional no es buena para ninguna de las dos, aunque, francamente, prefiero morir por amor que haber vivido sin él.
Por ser mis piernas, por ser mis manos... por ser mi madre, te quiero.







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