Hace tiempo que el ambiente huele a elecciones. Y no lo digo porque el gobierno haya fijado ya un día para el acto o yo siga el calendario electoral con empeño y dedicación, sino porque antes de las Navidades nuestros políticos soltaban, algunos más sutiles que otros, algunos cuñas o, mejor dicho, pullas que vaticinaban ya la proximidad del nuevo curso electoral.
Francamente, no sé por qué me modero y, en lugar de llamarlo curso, no lo hago por lo que realmente considero, concurso.
Tengo claras dos cosas: no pretendo herir la sensibilidad ideológica de nadie y mucho menos posicionarme a favor o en contra de ningún partido. Ni tan siquiera pretendo opinar, consciente de mi humilde ignorancia que, más allá de derechas o izquierdas, prefiere reivindicar lo justo o injusto que se topa por el camino.
Y es que, todavía faltando un mes para las elecciones, no puedo evitar de sonreírme al escuchar tantas promesas. ¡Qué suerte tienen nuestros políticos de que tengamos todos tan mala memoria!
Me pregunto por qué un gobierno espera el último mes para promover proyectos que no ha llevado a cabo en los cuatro años de legislatura.
Cada día más, los políticos me recuerdan a aquel parlanchín ambulante que iba de pueblo en pueblo, de feria en feria, vendiendo las maravillas de algo que a menudo era un placebo o una mera ilusión.
Seguramente, también en política nos encontramos ahora de rebajas y el 2x1 o "el más barato todavía" se aplique sin miramientos en la campaña electoral.
Francamente, no sé por qué me modero y, en lugar de llamarlo curso, no lo hago por lo que realmente considero, concurso.
Tengo claras dos cosas: no pretendo herir la sensibilidad ideológica de nadie y mucho menos posicionarme a favor o en contra de ningún partido. Ni tan siquiera pretendo opinar, consciente de mi humilde ignorancia que, más allá de derechas o izquierdas, prefiere reivindicar lo justo o injusto que se topa por el camino.
Y es que, todavía faltando un mes para las elecciones, no puedo evitar de sonreírme al escuchar tantas promesas. ¡Qué suerte tienen nuestros políticos de que tengamos todos tan mala memoria!
Me pregunto por qué un gobierno espera el último mes para promover proyectos que no ha llevado a cabo en los cuatro años de legislatura.
Cada día más, los políticos me recuerdan a aquel parlanchín ambulante que iba de pueblo en pueblo, de feria en feria, vendiendo las maravillas de algo que a menudo era un placebo o una mera ilusión.
Seguramente, también en política nos encontramos ahora de rebajas y el 2x1 o "el más barato todavía" se aplique sin miramientos en la campaña electoral.







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