Hoy es uno de aquellos días en los que el de buena gana les habría puesto un esparadrapo en la boca a mis padres.
Tengo el convencimiento de que si estuviera bien, es decir, sin mi lesión, si no tuviera pareja, probablemente me sentiría sola o incluso un tanto amargada. Sin embargo, hoy por hoy y tras mi bagaje adquirido por las circunstancias, no tengo tan claro si el matrimonio es una bendición o un castigo. Entiendo que mucho de vosotros estéis en total desacuerdo con esta sentencia. Es más, me alegraría que así fuera, significaría que en vuestra vida todo va yendo viento en popa.
¿Por qué un programa como escenas de matrimonio puede ser líder de audiencia? Apuesto que en gran medida por su humor afilado, aunque también porque, en una u otra secuencia, podremos vernos reflejados o sus protagonistas se atreven a decir lo que nosotros creemos pero quizás callamos.
Dios me libre tirar por tierra una institución como el matrimonio, ya sea civil, religioso o sin contratos firmados de por medio. No obstante, cada día toman más sentido para mí una frase que escuché de pequeña: "El que está fuera quiere entrar adentro y el que está dentro quiere salir afuera".
La convivencia... la convivencia no resulta nada fácil y mucho menos si existe por medio una dependencia. Pero ¡ojo! como os comenté en el DECÁLOGO DE INTENCIONES, Retales no son únicamente pinceladas sobre mi vida.
Es cierto, en mi caso se agrava con una dependencia física, aunque son otras muchas las que pueden condicionarnos a todos: económica, sentimental, cultural, psicológica...
¿Estás seguro/a que tu pareja sería capaz de hacer lo mismo que tú haces por él/ella? ¿Te comprometerías a cuidar de tu pareja cuando más te necesite?¿Y ella de ti?
Hoy evitaré caer en una guerra de sexos, aparcaré mi ramalazo feminista pues será vuestra conciencia quien responda.
¿Hasta dónde llega ese amor qué profesas a tu pareja? ¿Has recibido siempre lo que esperabas y necesitabas recibir? ¿Hasta dado lo mismo que has pedido o has recibido?
El apego nos puede traicionar, nos torna vulnerables ante el chantaje, nos vuelve marionetas frente a la manipulación emocional.
Y si un día te abren los ojos las circunstancias, los avatares, la infidelidad o el desamor, te descubres vapuleado, menospreciado y humillado.
El apego nos puede salvar, nos vuelve ciegos, sordos y mudos, nos ayuda a perdonar el desencanto y a olvidar las rencillas.







0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada