Estoy replanteándome muy seriamente si la apatía por la que paso no es un síntoma más de aquello que se conoce como una crisis de la edad. Reconozco que mi apoltronamiento es un tanto selectivo porque no forma parte habitual en todos mis actos, sino casi exclusivamente de los que no me aportan nada a nivel personal. Ojalá me equivoque, pero cada día tengo más presente la proximidad ese mañana que no deseo y no quiero malgastar esté ahora con obligaciones sino gozar de la plenitud de estos momentos.
Como cantaba Julio Iglesias hace muchísimos años: la vida se hace de momentos, de cosas que no sueles valorar, y luego, cuando pierdes, cuando al fin te has dado cuenta, el mundo no te deja regresar. Ya ves que todo pasa, quién diría, que poco queda por contar, apenas los recuerdos, momentos que no volverá jamás.
¿Es esto una crisis de identidad? Creo que no. Desconozco el porqué de muchas cosas, pero prefiero centrarme en buscar soluciones que obstinarme en unas respuestas que absolutamente nada resuelven.
Sí, probablemente para vosotros sea un tostón de weblog; sin embargo, yo confío que pueda ayudar a alguien a cambiar su chip y dejar de encerrarse en un caparazón de amargura. Tal vez lo consiga. Tal vez no. O incluso, quizás a alguno de vosotros pueda sumirlo en una depresión. Perdonadme entonces, os prometo que no es mi intención, únicamente pretendo enfrentaros a una realidad cotidiana, sea con o sin discapacidad, para que encendáis la luz de vuestro ingenio y afrontéis cada circunstancia, cada adversidad, con la convicción y el propósito de no cejar en el intento.
¿Piensas que tu vida tomó unos derroteros que no deseas? Puedes torturarte, increparte y someterte bajo un insidioso por qué. Mi consejo es que no te obceques en encontrar una razón que, lejos de satisfacerte, seguro mancillará tu autoestima. Las cosas son las que son. Probablemente sí tengan un porqué, aunque deja que sea el tiempo quién te lo revele.
¿No es acaso mejor dejarte el alma luchando? "Olvida lo que pudo ser y no fue...", escribí en una de mis poesías. No permitas que tu voz se pierda en el silencio.
He conocido a gente más "útil" que yo (siempre entre comillas) que han caído en sus propias redes al derrumbárseles ese mundo que consideraban perfecto.
No, no es una crisis de identidad, me siento más fuerte y entera que en otras épocas de mi existencia. No obstante, os confieso que mi mente no camina al unísono con mis años. Me di cuenta cuando Felisa me dijo que su hijo diera era viejo, que tenía 40 años. Por prudencia, arqueé las cejas y asentí interiormente. ¡40 años!, exclamé. ¡Cuánto había envejecido!, pensé.
Un mensaje de advertencia sacudió mis neuronas: "Apenas te lleva ocho meses de diferencia".
Sí, aunque no me guste, también por mí pasan los años. ¡Y malo si eso no sucediera!
Como cantaba Julio Iglesias hace muchísimos años: la vida se hace de momentos, de cosas que no sueles valorar, y luego, cuando pierdes, cuando al fin te has dado cuenta, el mundo no te deja regresar. Ya ves que todo pasa, quién diría, que poco queda por contar, apenas los recuerdos, momentos que no volverá jamás.
¿Es esto una crisis de identidad? Creo que no. Desconozco el porqué de muchas cosas, pero prefiero centrarme en buscar soluciones que obstinarme en unas respuestas que absolutamente nada resuelven.
Sí, probablemente para vosotros sea un tostón de weblog; sin embargo, yo confío que pueda ayudar a alguien a cambiar su chip y dejar de encerrarse en un caparazón de amargura. Tal vez lo consiga. Tal vez no. O incluso, quizás a alguno de vosotros pueda sumirlo en una depresión. Perdonadme entonces, os prometo que no es mi intención, únicamente pretendo enfrentaros a una realidad cotidiana, sea con o sin discapacidad, para que encendáis la luz de vuestro ingenio y afrontéis cada circunstancia, cada adversidad, con la convicción y el propósito de no cejar en el intento.
¿Piensas que tu vida tomó unos derroteros que no deseas? Puedes torturarte, increparte y someterte bajo un insidioso por qué. Mi consejo es que no te obceques en encontrar una razón que, lejos de satisfacerte, seguro mancillará tu autoestima. Las cosas son las que son. Probablemente sí tengan un porqué, aunque deja que sea el tiempo quién te lo revele.
¿No es acaso mejor dejarte el alma luchando? "Olvida lo que pudo ser y no fue...", escribí en una de mis poesías. No permitas que tu voz se pierda en el silencio.
He conocido a gente más "útil" que yo (siempre entre comillas) que han caído en sus propias redes al derrumbárseles ese mundo que consideraban perfecto.
No, no es una crisis de identidad, me siento más fuerte y entera que en otras épocas de mi existencia. No obstante, os confieso que mi mente no camina al unísono con mis años. Me di cuenta cuando Felisa me dijo que su hijo diera era viejo, que tenía 40 años. Por prudencia, arqueé las cejas y asentí interiormente. ¡40 años!, exclamé. ¡Cuánto había envejecido!, pensé.
Un mensaje de advertencia sacudió mis neuronas: "Apenas te lleva ocho meses de diferencia".
Sí, aunque no me guste, también por mí pasan los años. ¡Y malo si eso no sucediera!







0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada