21 DE OCTUBRE

Este es el segundo aniversario que comparto con todos vosotros. Tengo claro que me saltaré la dieta y me tomaré una galleta de chocolate porque, aunque no sea nada del otro mundo, quiero darme un caprichito.
Y es que ya hace 19 años de mi accidente. ¿Por dónde se ha ido el tiempo? A veces 5 min se me hacen eternos y, en cambio, esos 19 años no sé por dónde se me han escapado.
Han habido momentos malos y otros peores, pero mi mente de los difumina de tal manera que, se diría, nunca existieron.
Y entonces observo a mi alrededor y noto un calor primaveral, idéntico al de 1989 y no puedo evitar preguntarme si todos estos años han servido para algo.
Hoy con más motivos que nunca he sentido la imperiosa necesidad de releer las palabras de Disancor:"Aunque no te ayudemos mucho en tu labor, aunque creas que no son importantes tus palabras, para seguir, necesitamos saber que estas ahí, en la distancia, el misterio, en la lucha... Dolores, no te desanimes". Gracias.

Quizás mi espíritu hoy no tenga el ánimo de otros días, principalmente porque tiene mi padre la vena cantarina y me está entrando dolor de cabeza... pero, ¿cómo convencerlo de que calle cuando toma pose de tenor?
Creo que lo que más me apena no son estos 19 años tetrapléjica sino la convicción de no poder cumplir otros 20 más con la gente que quiero... que quiero matar a veces y quiero adorar otras.
Me parece que voy a seguir los pasos de mi padre, dicen que la música amansa a las fieras. Vosotros no os merecéis ese castigo, así que os dejo con una verdadera artista:



UN MAR

Cuando hablo con Francisco siempre me queda un sentimiento de pena. No puede evitarlo, será por todos mis miedos o fobias, pero él representa todo lo que yo no quiero para un mañana.
¿Qué aliciente tiene en la vida? La soledad.
¿Cómo puedo telefonearle y felicitarle las fiestas cuando sé que las pasará como otro día cualquiera postrado en su cama y sin más compañía que una televisión?
Me doy cuenta que muchas de las lágrimas que he derramado son fruto de la impotencia. Esa impotencia que te hace ser víctima de tus miedos porque mandarías al cuerno tantas gracietas que para ti son ofensas, tantas poses que sabes son sólo hipocresía y tantas palabras que nada te ayudan y sólo te engañan.
Pero te da miedo romper con todo, porque no ves ninguna salida, porque por mucho que grites nadie te ayuda... Seguramente, tampoco nadie puede ayudarte pues eres tú quien debes tomar la decisión y lanzarte al vacío esperando que se abra tu paracaídas. Aunque sabes que el golpe será fuerte, muy fuerte... y piensas si no será mejor esperar que calmen las aguas, crees que tú también pudiste omitir o callar, que más vale malo conocido...
Leí un artículo en el que aconsejaban que debíamos saber lo que queríamos y lo que no queríamos de una asistenta y actuar sin la presión o el temor de que esta persona pudiera despedirse. No discutiré que no sea cierto ese planteamiento, pero sólo será real si uno se siente fuerte, con la convicción de no estar solo, de contar con alguien que te respalda ... y no siempre esto acontece. Porque muchas veces son las parejas, los hijos, los padres... los que obran así, los que chantajean, desoyen o imponen.
Y tú eres tú, aunque no te muevas. Y lloras de asco, de rabia, de impotencia, de vergüenza... y te preguntas dónde está aquel amor, aquellas promesas. Y la desilusión te embarga. Y mandarías todo al infierno. Y te sientes desvalido e indefenso, sin saber a quién acudir o adónde ir. Y lloras porque sabes que de nuevo no hablas tú sino el miedo.
No sé, quizás Francisco fue valiente y cortó con todo o quizás tampoco estaba en sus manos.
Me gustaría ayudarle pero no sé cómo... y creo que ha llegado a un punto que él se ha habituado a su vida o a su soledad.

RENOVAR O MORIR

"Renovar o morir" no ha sido tan sólo un lema estos días. Cada dos por tres sale de mi cabeza una idea nueva y me emociono con cada proyecto con la ilusión de que prospere y tenga una buena acogida. Algunas veces es así, aunque muchas más no consigo mi objetivo.
Sin embargo, renovar o morir, tomaba estos días otro sentido cuando mi ordenador se obcecaba en no querer arrancar. Ni modo seguro, ni configuración anterior guardada correctamente, ni las plegarias a San Antonio... nada le devolvía la vida a mi ordenador.
Es entonces cuando uno recuerda todo lo que debió hacer y no hizo, da valor a todo cuanto ha perdido y se da cuenta de lo ignorante e impotente que se siente cuando no le queda más remedio que cruzarse de brazos y aceptar los acontecimientos.
"Renovar o morir", pensé. Podía partir de cero o cerrar los ojos y olvidarme del mundo y, no sé muy bien por qué, me decanté por recomponer los pedazos.
Pero no siempre es fácil ni está a nuestro alcance o, simplemente, nos atascamos en un punto y no encontramos la solución del puzzle.
Tal vez entonces valga la pena empezar de nuevo. Recuerdo como en algún ejercicio de matemáticas o física me rompía la cabeza porque, a pesar de revisarlo minuciosamente, no conseguía localizar el error de cálculo. Aprendí que era mejor y más rápido coger otra hoja y recomenzar desde el principio que perder el tiempo repasándolo una y otra vez infructuosamente.
Olvidar el pasado y dar un nuevo rumbo a nuestra vida. No obstante, ¿qué sucede si no nos quedan más hojas en nuestra libreta de viaje? Podremos borrar o sobreescribir lo anterior, entremezclar el pasado con el presente, aunque quizá sólo nos gane la confusión y la desesperanza.
A veces el miedo, el que dirán o nuestra dependencia física o emocional nos convierte en títeres movidos por invisibles hilos que no nos permiten avanzar. ¿Qué hacer? ¿Renovar o morir?

IDEAS CRUZADAS

Hoy es uno de aquellos días en los que se me cruzan las ideas, no porque no sepa qué decir, sino porque no sé si conviene o no decirlo.
Siempre he creído que no era bueno guardarse los resentimientos para uno mismo sin al menos conversarlo, para evitar así que se enquistaran dentro.
Quizás años después, algún día te echen en cara cosas de las que ya ni te acuerdes. O puede suceder que ese malentendido se traduzca en enfado que no compartas y sólo veas un distanciamiento que no comprendes. O ¿quién sabe? a lo mejor es sólo la excusa a la que agarrarse para sacarse el muerto de encima. ¡Se me ocurren tantos, tantos nombres! No creáis, a menudo estoy tentada a pronunciarlos en voz alta, pero un instinto me tira después hacia atrás, porque es más fácil que me tachen de rencorosa o incluso de injusta a escuchar o ayudar.
Hasta en esto me siento en inferioridad de condiciones ya que, quizás ése que se dio las de villadiego cuando le necesitaba o aquél que me oyó quejarme de las moscas y se hizo el sordo, interpreta el papel de santo para aparentar ante otros lo que en realidad no debe. Y si tú, asqueada por la farsa, pones en entredicho tanta bondad, terminas siendo la hirienta, la déspota, la injusta, la inaguantable, la malcarada, la desagradecida... y, aunque hayas sido bobo, prudente y reservado, pierdes todo lo que hasta entonces has hecho.
Y el problema es que perdonas, olvidas o ambas cosas... y de nuevo te vuelves bobo, prudente y reservado hasta que un día te recuerdan lo bobo, lo prudente y reservado que has sido... y te preguntas por qué aguantas, por qué vuelves, por qué perdonas.

LA AMISTAD

Cada día me doy más cuenta que tengo muy abandonados a mis amigos. No puede decirse que me olvide de ellos porque los llevo en la mente, pero mi conciencia me dice que debería telefonearles para saber de ellos.
No es algo que me suceda sólo a mí, supongo que cada uno toma su rumbo y organiza su vida como mejor sabe o mejor le dejan. Sin embargo, pasan los meses y después los años si no se remedia, hasta que al final, más que unos amigos, somos casi dos extraños.
Hace una semana recordé la pregunta que me formuló el que se convertiría en mi médico de cabecera de por aquel entonces, hoy médico de familia, Doctor Costa: "¿Cuántos amigos tienes?'
"Cuatro o cinco", le contesté.
¿Cuántos amigos tengo?, me plantearía yo ahora. Cuatro o cinco, volvería a ser mi respuesta.
Algunos nombres de la lista se repetirían pero la mayoría serían diferentes. Y no es que hubiera habido un enfado, por lo menos no por mi parte, sino que los caminos, que un día convergieron, siguieron dos destinos distantes y separados.
He de reconocer que no confiero a la amistad el valor de antaño. Quizá sea malo... quizá sea bueno..., aunque he aprendido a convivir y aceptar mi soledad y no me aferro a la amistad porque pienso que debe ser un sentimiento espontáneo y natural.
Puede sonar extraño pero soy feliz a mi manera, con el ronroneo de mi gato y un día soleado.
Prefiero no esperar nunca nada para agradecer lo recibido y, por ahora, tengo mucho que agradecer y muchos a quien dar las gracias.
Por la fiesta sorpresa de aniversario, por las visitas recibidas, por escucharme... por esos grandes y pequeños detalles que hablan por vosotros, que me hacen creer en vosotros, que me demuestran que, a pesar de la distancia y el tiempo, seguimos unidos.
Nunca olvidaré a los amigos de antes por lo que compartimos, por lo que dieron y yo di... pero en la vida evolucionamos y conocemos nuevas personas que llenan ese vacío.
Sí, prefiero no esperar nunca nada, prefiero tan sólo vivir.